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El Nayar 9 de Junio de 1953.-El nombre del Padre de la Patria se ha dado con prodigalidad a aldeas, pueblos o ciudades de la República; hay entidades federativas como Yucatán, Oaxaca o Chiapas que en ninguno de sus lugares llevan su nombre. Triunfante la República sobre el Imperio de Maximiliado, el Presidente Benito Juárez por decreto de 15 de enero de 1869, de una parte territorial que segregó del Estado de México, creó el Estado de Hidalgo con una extensión poco más que la de Nayarit, poniéndole tal nombre en honor del iniciador de nuestra emancipación política; Chihuahua tiene una ciudad con su nombre o sea Hidalgo del Parral; Michoacán, a su antiguo pueblo de Tajimaroa, le dio en los últimos tiempos el nombre Ciudad Hidalgo; la Villa de Guadalupe lleva tal nombre, pero como allí está la Virgen Patrona de los mexicanos, su nombre queda obscurecido.

El Presidente Ávila Camacho en los comienzos de su administración visitó Chiapas y dio un decreto para que se fundara en los límites con Guatemala o sea en el Suchiate, una ciudad con el nombre de Miguel Hidalgo; muy elogiable idea, pero una ciudad no surge nunca con un decreto porque sus apariciones obedecen siempre a motivos históricos, económicos o geográficos; Tenochtitlán surgió sobre un lago por que tal era el lugar señalado por designio de los dioses; los españoles fundaron urbes en sitios de minas como Zacatecas, Durango, Guanajuato, o en playas para recibir sus barcos como la Villa Rica de la Veracruz; pero donde el hombre no encuentra conveniencia a sus intereses de vida nunca se agrupa en ciudades aunque se le mande por decretos; de esta Ciudad Miguel Hidalgo del Suchiate solo quedó el mandato.

Sonora tiene una Ciudad Obregón; Tabasco un puerto, el antiguo de Frontera, con el mismo nombre y en el Distrito Federal, la virreinal San Ángel, llámase ahora Villa Obregón; no se le ha erigido un monumento digno de su grandeza; Simón Bolívar lo tiene en el Bosque legendario de Chapultepec; para cada mexicano representa más el Padre Hidalgo y sólo tiene la Columna de la Independencia, pero para todos los héroes, a diferencia del patriarca de la Reforma que está en el Hemiciclo de la Alameda; Morelos tiene su gran ciudad, la antigua Valladolid; el Paso del Norte lleva el del derrumbador del Imperio de Maximiliano; Matamoros ostenta su ciudad floresciente, El Padre de la Patria no tiene ninguna urbe de talla, los poblados que llevan su nombre son pequeños. Todos los héroes creadores de patrias se conmemoraron de este modo: Bolívar dio el nombre a una República del Sur del Continente; en Colombia y Venezuela hay igualmente urbes que llevan su patrimonio; el recuerdo de Sucre lo tomó la antigua Chuquisea, del Arto Perú o sea Bolivia.

El pueblo mexiano es conservador para cambiar nombres a sus ciudades; en 1858, el General don Santos Degollado dio el de Ciudad Guzmán y después de casi un siglo la gente la llama Zapotlán; a la Villa de Guadalupe no pudieron decirla Villa Gustavo A. Madero, y optaron mejor por dejarla como antes.

Pero, designar a "El Nuevo" con el de Ciudad Hidalgo, lo aceptarán jubiloso toda la gente, y más que El Nuevo es adjetivo ni siquiera es sustantivo y estaba inadecuado; Ciudad Hidalgo la llamará con orgullo todo nayarita en adelante, por lo que este cambio por Decreto del C. Gobernador José Limón Guzmán merece un caluroso aplauso del Estado que gobierna.

 

Gral. José Juan Ortega

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