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Detalles interesantes

 

Nuestro corresponsal de San Blas, invitado por nosotros para procurar datos exactos acerca del último siniestro marítimo, cerca del Manzanillo, nos comunicó ayer importantes noticias.

El vapor "Colima" que, como dijimos en nuestro último alcance, tocó en San Blas el día 25 del mes próximo pasado, llegó a Manzanillo el 26 por la mañana y zarpó el mismo día a las 4pm, encontrando mar gruesa y viento variable que al fin se afirmó a S .E. 

El 27, hallándose a unas cincuenta millas al sureste del puerto y a cerca de veinte millas de tierra, entre 9 y 11 de la mañana, llegó a ser tal la fuerza del viento, que fueron al mar los camarotes, palos, carga y todo lo que se hallaba sobre cubierta y poco después, a pesar de todos los esfuerzos, el enorme y magnífico vapor se fue instantáneamente a fondo, arrastrando consigo a los infelices que lo tripulaban.

No obstante, cerca de treinta personas consiguieron salir a flote, haciéndose con desesperación a los fragmentos del buque y maderos que saltaban sobre las turbulentas olas.

El vapor "San Juan" de la compañía de la Mala del Pacífico, que venía de Acapulco, arribó al lugar de la catástrofe el día 28 a eso de las siete de la mañana, es decir, veinte horas después del horroroso acontecimiento y con la premura que el caso exigía se ocupó en recoger a los desgraciados que luchaban por la vida, abrazados a los maderos flotantes y a otros que se sostenían a duras penas en un bote lleno de agua.

El capitán del "Colima", Mr. John F. Taylor, fue la primera víctima del desastre y murió aplastado por un árbol del buque, en los momentos en que era más necesaria su presencia a bordo para infundir ánimo a los acobardados pasajeros y dirigir las maniobras del salvamento.

"La escena en los rápidos instantes del naufragio, dice uno de los recogidos por el "San Juan", es imposible de describir, -y aun se emociona fuertemente y tiembla al recordar aquella agonía que también él sufrió- Los gritosenérgicos de los marineros, los ayes desgarradores de las mujeres, locas de terror, los agudos lamentos de los niños buscando a sus madres, las voces roncas de los oficiales ordenando tal o cual maniobra, el espanto retratado en todos los rostros, en fin, dice el náufrago, un cuadro pavoroso que yo vi con ojos extraviados por la locura y cuyos detalles me perseguirán muchos años en mis sueños. 

¡Y qué indecible alegría experimentamos los que, a punto de hundirnos, agotadas nuestras fuerzas y próximos a desprendernos de las tablas en que flotábamos hacía veinte horas, vimos aparecer de improviso la negra masa del vapor "San Juan" que venía sobre nosotros."!

Los nombres de los náufragos salvados por el "San Juan", son los siguientes: Tomás Sarabia, A. J. Southerland, C.H. Cashing, jr., J. M. Haston, Domingo Albano (pasajeros de primera clase). De segunda: C. W. Bryd, G. Rawan, Bruso Carda, José Antonio Solise, José E. Manell, Geo D. Ross, Louis Languía, F. J. Oriel, Juan A. Lamas, Carl Ruitz, Angel Gutiérrez. Tripulantes: 3. oficial O. Hansen, Raymond Aviles, Albert Carpentin, marinero, Tw, Jeil, marinero y Arthur Rechardson.

Estos son los interesantes pormenores que nuestro activo corresponsal de San Blas nos comunicó ayer.

Una pasajera del "San Juan", que llegó a esta ciudad anteayer, refiere que en la mañana del día 28, los náufragos del "Colima" antes de la llegada del "San Juan," vieron a larga distancia un bote en que iban una mujer y dos niños, cuya embarcación no pudo ser hallada por más investigaciones que se hicieron, y se cree que al fin zozobró y perecieron de consiguiente la infeliz madre y sus dos pequeños hijos. Dice también, que todos los náufragos recogidos iban completamente desnudos y bastante golpeados.

Una persona escribe de San Blas diciendo que a bordo del "Colima", minutos antes del hundimiento, fueron los pasajeros encerrados en los camarotes por orden del capitán y según añeja costumbre entre marinos, cuando hay temporal. Los pasajeros, al apercibirse del peligro que corrían sus vidas, intentaron salir a toda costa de su prisión y entonces, sus guardianes, para impedirlo, se arrojaron sobre ellos puñal en mano e hirieron a muchas personas. Este horroroso detalle lo damos al público con la debida reserva.

Una señorita que venía enferma en el "San Juan", dejó de existir el día 29 en la madrugada, y su cadáver fue sepultado en el mar, a pocas millas de San Blas.

Dos buques veleros arribaron el día 28 en la mañana al lugar en que se hundió el "Colima", y se libraron de correr la misma suerte que aquel, como por milagro, pues el vendaval y las olas jugaban con las ligeras embarcaciones como si fueran un juguete. Parecían, dice un testigo ocular, dos alas de paloma en medio de aquel mar profundamente alterado. Dios llame a su seno a los infortunados mártires de esta tremenda catástrofe, una de las más espantosas que han contemplado las costas del Pacífico.

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